Notas para una boda
Notas para una boda
Notas para una boda
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Me gusta mucho armar playlists. Muchísimo. Y creo que parte de eso viene de un sueño frustrado de ser artista.
Los que me conocen probablemente van a decir: "Pero sos artista, tocás instrumentos". Y sí, es verdad. Pero me refiero a otra cosa. A ser una artista de verdad. Una de esas personas que recorren el mundo tocando canciones que escribieron en un estudio, intentando poner en palabras y sonidos momentos específicos, sentimientos específicos. Ese siempre fue mi sueño: crear algo íntimo y propio que a la gente le guste escuchar.
Pero como nunca logré realmente hacer música propia, terminé escuchando más música de la que hice.
A veces, buscando artistas nuevos, termino encontrando música que me hubiese gustado hacer yo. Y no hablo solamente de canciones que me gustan o que van con mi estilo, sino de música que escucho y pienso: "Esto me gustaría hacer, esto me gustaría tocar".
Otras veces encuentro artistas que quizás no se parecen tanto a mí, pero que inmediatamente me hacen pensar en un momento, una situación o una escena específica. Música que siento que podría vivir muy bien en ciertos espacios de la vida. Y creo que ahí fue cuando empecé a entender cuánto me gustaba hacer playlists.
Creo que armar playlists se volvió mi manera de crear alrededor de la música. Una especie de curaduría. Encontrar artistas, unir canciones, pensar climas y ambientes, imaginar momentos.
Hace un mes ya, mi hermana se casó. La boda fue en el campo del hermano de mi cuñado, al aire libre, con unas 70 personas, asado, vino, torta y gente que ellos aman mucho. Todo muy lindo, simple, íntimo. Muy ellos.
A una semana de la boda, les pregunté cómo iban a resolver la música. Me dijeron que más sobre el final del día un amigo iba a pasar unos vinilos, pero que durante el almuerzo probablemente iban a poner música “así nomás”. Y ahí vi mi entrada. Les pregunté: "¿No quieren que arme una playlist?"
Yo ya tenía dos playlists en mi web/perfil que sabía que les gustaban mucho, vibing tranqui y vinito & brie (dejo los enlaces al final del artículo por si querés escucharlas), así que pensé la playlist de la boda como una especie de hijo entre esas dos. Una playlist larga, de unas cinco horas, pensada para acompañar el día entero.
Desde el principio tuve bastante claro qué tipo de música quería que sonara. Principalmente R&B. Un sonido suave, moderno y cálido. Música con ritmo, pero sin gritar. Música que acompaña conversaciones en vez de competir con ellas. Temas que, incluso cuando están bajos, se siguen escuchando.
También tenía bastante claro lo que no quería. No quería hits de radio, ni rock, ni canciones demasiado "grandes" para un almuerzo en familia y amigos. No sé si me explico, pero hay música que, incluso a volumen bien bajo, ocupa demasiado espacio. Y esta playlist necesitaba hacer lo contrario: estar presente sin imponerse. No tenía que ser el centro de atención.
Los artistas fueron apareciendo bastante intuitivamente. Algunos ya los tenía guardados de antes porque habían sido parte de playlists anteriores. Benny Sings y Don West fueron probablemente los puntos de partida más claros para mí Después empezó ese proceso que me encanta y que siento que Apple Music hace muy bien (y seguramente Spotify también lo hace muy bien): entrar a un artista, abrir recomendados, después los recomendados de esos recomendados, y seguir así hasta encontrar algunas joyas escondidas que no tienen el reconocimiento que deberían tener.
También hubo algo distinto en esta playlist. Normalmente armo playlists para escuchar en aleatorio, sin demasiado orden. Pero en este caso quise pensarla casi como si estuviera musicalizando una película. La gente iba a llegar alrededor de las 12:30, así que el principio tenía que sentirse liviano, abierto, tranquilo. Después venía el almuerzo, más tarde el postre, drinks todo el día, el momento en el que la gente empieza a hablar más fuerte y a moverse un poco más. Entonces fui ordenando las canciones pensando en esa curva. Qué artistas podían acompañar mejor cada momento, cuándo subir apenas la energía y cuándo volver a bajarla.
Y creo que eso es lo que más me gusta de armar playlists. No tanto elegir canciones sueltas, sino encontrar un hilo. Pensar cómo algo puede sonar lindo después de otra cosa. Cómo hacer que cinco horas tengan sentido sin que nadie piense demasiado en la música, pero que al mismo tiempo todos la disfruten.
Me gustó mucho que mi hermana y mi cuñado me dieran el ok para armar la playlist de un día tan especial para ellos. Sentir que podía acompañarlos también desde ese lugar. Desde algo que quizás parece mínimo o secundario, pero que termina construyendo gran parte de cómo se siente un momento.Eso es una de las cosas más lindas que tiene la música. A veces no hace falta que sea protagonista para que igual quede completamente pegada a un recuerdo.
Les dejo enlaces a los padres de la playlist de la boda, y al resultado de esa combinación para que escuchen:
En Apple Music
En Spotify
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Me gusta mucho armar playlists. Muchísimo. Y creo que parte de eso viene de un sueño frustrado de ser artista.
Los que me conocen probablemente van a decir: "Pero sos artista, tocás instrumentos". Y sí, es verdad. Pero me refiero a otra cosa. A ser una artista de verdad. Una de esas personas que recorren el mundo tocando canciones que escribieron en un estudio, intentando poner en palabras y sonidos momentos específicos, sentimientos específicos. Ese siempre fue mi sueño: crear algo íntimo y propio que a la gente le guste escuchar.
Pero como nunca logré realmente hacer música propia, terminé escuchando más música de la que hice.
A veces, buscando artistas nuevos, termino encontrando música que me hubiese gustado hacer yo. Y no hablo solamente de canciones que me gustan o que van con mi estilo, sino de música que escucho y pienso: "Esto me gustaría hacer, esto me gustaría tocar".
Otras veces encuentro artistas que quizás no se parecen tanto a mí, pero que inmediatamente me hacen pensar en un momento, una situación o una escena específica. Música que siento que podría vivir muy bien en ciertos espacios de la vida. Y creo que ahí fue cuando empecé a entender cuánto me gustaba hacer playlists.
Creo que armar playlists se volvió mi manera de crear alrededor de la música. Una especie de curaduría. Encontrar artistas, unir canciones, pensar climas y ambientes, imaginar momentos.
Hace un mes ya, mi hermana se casó. La boda fue en el campo del hermano de mi cuñado, al aire libre, con unas 70 personas, asado, vino, torta y gente que ellos aman mucho. Todo muy lindo, simple, íntimo. Muy ellos.
A una semana de la boda, les pregunté cómo iban a resolver la música. Me dijeron que más sobre el final del día un amigo iba a pasar unos vinilos, pero que durante el almuerzo probablemente iban a poner música “así nomás”. Y ahí vi mi entrada. Les pregunté: "¿No quieren que arme una playlist?"
Yo ya tenía dos playlists en mi web/perfil que sabía que les gustaban mucho, vibing tranqui y vinito & brie (dejo los enlaces al final del artículo por si querés escucharlas), así que pensé la playlist de la boda como una especie de hijo entre esas dos. Una playlist larga, de unas cinco horas, pensada para acompañar el día entero.
Desde el principio tuve bastante claro qué tipo de música quería que sonara. Principalmente R&B. Un sonido suave, moderno y cálido. Música con ritmo, pero sin gritar. Música que acompaña conversaciones en vez de competir con ellas. Temas que, incluso cuando están bajos, se siguen escuchando.
También tenía bastante claro lo que no quería. No quería hits de radio, ni rock, ni canciones demasiado "grandes" para un almuerzo en familia y amigos. No sé si me explico, pero hay música que, incluso a volumen bien bajo, ocupa demasiado espacio. Y esta playlist necesitaba hacer lo contrario: estar presente sin imponerse. No tenía que ser el centro de atención.
Los artistas fueron apareciendo bastante intuitivamente. Algunos ya los tenía guardados de antes porque habían sido parte de playlists anteriores. Benny Sings y Don West fueron probablemente los puntos de partida más claros para mí Después empezó ese proceso que me encanta y que siento que Apple Music hace muy bien (y seguramente Spotify también lo hace muy bien): entrar a un artista, abrir recomendados, después los recomendados de esos recomendados, y seguir así hasta encontrar algunas joyas escondidas que no tienen el reconocimiento que deberían tener.
También hubo algo distinto en esta playlist. Normalmente armo playlists para escuchar en aleatorio, sin demasiado orden. Pero en este caso quise pensarla casi como si estuviera musicalizando una película. La gente iba a llegar alrededor de las 12:30, así que el principio tenía que sentirse liviano, abierto, tranquilo. Después venía el almuerzo, más tarde el postre, drinks todo el día, el momento en el que la gente empieza a hablar más fuerte y a moverse un poco más. Entonces fui ordenando las canciones pensando en esa curva. Qué artistas podían acompañar mejor cada momento, cuándo subir apenas la energía y cuándo volver a bajarla.
Y creo que eso es lo que más me gusta de armar playlists. No tanto elegir canciones sueltas, sino encontrar un hilo. Pensar cómo algo puede sonar lindo después de otra cosa. Cómo hacer que cinco horas tengan sentido sin que nadie piense demasiado en la música, pero que al mismo tiempo todos la disfruten.
Me gustó mucho que mi hermana y mi cuñado me dieran el ok para armar la playlist de un día tan especial para ellos. Sentir que podía acompañarlos también desde ese lugar. Desde algo que quizás parece mínimo o secundario, pero que termina construyendo gran parte de cómo se siente un momento.Eso es una de las cosas más lindas que tiene la música. A veces no hace falta que sea protagonista para que igual quede completamente pegada a un recuerdo.
Les dejo enlaces a los padres de la playlist de la boda, y al resultado de esa combinación para que escuchen:
En Apple Music
En Spotify
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Me gusta mucho armar playlists. Muchísimo. Y creo que parte de eso viene de un sueño frustrado de ser artista.
Los que me conocen probablemente van a decir: "Pero sos artista, tocás instrumentos". Y sí, es verdad. Pero me refiero a otra cosa. A ser una artista de verdad. Una de esas personas que recorren el mundo tocando canciones que escribieron en un estudio, intentando poner en palabras y sonidos momentos específicos, sentimientos específicos. Ese siempre fue mi sueño: crear algo íntimo y propio que a la gente le guste escuchar.
Pero como nunca logré realmente hacer música propia, terminé escuchando más música de la que hice.
A veces, buscando artistas nuevos, termino encontrando música que me hubiese gustado hacer yo. Y no hablo solamente de canciones que me gustan o que van con mi estilo, sino de música que escucho y pienso: "Esto me gustaría hacer, esto me gustaría tocar".
Otras veces encuentro artistas que quizás no se parecen tanto a mí, pero que inmediatamente me hacen pensar en un momento, una situación o una escena específica. Música que siento que podría vivir muy bien en ciertos espacios de la vida. Y creo que ahí fue cuando empecé a entender cuánto me gustaba hacer playlists.
Creo que armar playlists se volvió mi manera de crear alrededor de la música. Una especie de curaduría. Encontrar artistas, unir canciones, pensar climas y ambientes, imaginar momentos.
Hace un mes ya, mi hermana se casó. La boda fue en el campo del hermano de mi cuñado, al aire libre, con unas 70 personas, asado, vino, torta y gente que ellos aman mucho. Todo muy lindo, simple, íntimo. Muy ellos.
A una semana de la boda, les pregunté cómo iban a resolver la música. Me dijeron que más sobre el final del día un amigo iba a pasar unos vinilos, pero que durante el almuerzo probablemente iban a poner música “así nomás”. Y ahí vi mi entrada. Les pregunté: "¿No quieren que arme una playlist?"
Yo ya tenía dos playlists en mi web/perfil que sabía que les gustaban mucho, vibing tranqui y vinito & brie (dejo los enlaces al final del artículo por si querés escucharlas), así que pensé la playlist de la boda como una especie de hijo entre esas dos. Una playlist larga, de unas cinco horas, pensada para acompañar el día entero.
Desde el principio tuve bastante claro qué tipo de música quería que sonara. Principalmente R&B. Un sonido suave, moderno y cálido. Música con ritmo, pero sin gritar. Música que acompaña conversaciones en vez de competir con ellas. Temas que, incluso cuando están bajos, se siguen escuchando.
También tenía bastante claro lo que no quería. No quería hits de radio, ni rock, ni canciones demasiado "grandes" para un almuerzo en familia y amigos. No sé si me explico, pero hay música que, incluso a volumen bien bajo, ocupa demasiado espacio. Y esta playlist necesitaba hacer lo contrario: estar presente sin imponerse. No tenía que ser el centro de atención.
Los artistas fueron apareciendo bastante intuitivamente. Algunos ya los tenía guardados de antes porque habían sido parte de playlists anteriores. Benny Sings y Don West fueron probablemente los puntos de partida más claros para mí Después empezó ese proceso que me encanta y que siento que Apple Music hace muy bien (y seguramente Spotify también lo hace muy bien): entrar a un artista, abrir recomendados, después los recomendados de esos recomendados, y seguir así hasta encontrar algunas joyas escondidas que no tienen el reconocimiento que deberían tener.
También hubo algo distinto en esta playlist. Normalmente armo playlists para escuchar en aleatorio, sin demasiado orden. Pero en este caso quise pensarla casi como si estuviera musicalizando una película. La gente iba a llegar alrededor de las 12:30, así que el principio tenía que sentirse liviano, abierto, tranquilo. Después venía el almuerzo, más tarde el postre, drinks todo el día, el momento en el que la gente empieza a hablar más fuerte y a moverse un poco más. Entonces fui ordenando las canciones pensando en esa curva. Qué artistas podían acompañar mejor cada momento, cuándo subir apenas la energía y cuándo volver a bajarla.
Y creo que eso es lo que más me gusta de armar playlists. No tanto elegir canciones sueltas, sino encontrar un hilo. Pensar cómo algo puede sonar lindo después de otra cosa. Cómo hacer que cinco horas tengan sentido sin que nadie piense demasiado en la música, pero que al mismo tiempo todos la disfruten.
Me gustó mucho que mi hermana y mi cuñado me dieran el ok para armar la playlist de un día tan especial para ellos. Sentir que podía acompañarlos también desde ese lugar. Desde algo que quizás parece mínimo o secundario, pero que termina construyendo gran parte de cómo se siente un momento.Eso es una de las cosas más lindas que tiene la música. A veces no hace falta que sea protagonista para que igual quede completamente pegada a un recuerdo.
Les dejo enlaces a los padres de la playlist de la boda, y al resultado de esa combinación para que escuchen:
En Apple Music
En Spotify